Maléfica: Dueña del mal – Crítica

Escrito por el octubre 19, 2019

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La secuela de Maléfica no sólo repite los errores de la primera entrega, los intensifica. Dramatismo innecesario y una historia muy poco coherente.

La villana no tuvo la oportunidad de protagonizar su propia película dentro de las clásicas animadas de Disney en los años 60. Fue hasta 2014 que descubrimos el oscuro pasado que Maléfica vivió detrás de los muros del Páramo y que la llevaron a envenenar a la Bella Durmiente. Sin embargo, a pesar de tratarse de una prosaica historia del «lado bueno» del villano y colgarse del reconocimiento de un clásico de la Casa del Ratón, tuvo pésimas críticas del público y prensa especializada.

Sin embargo, la taquilla manda: Maléfica fue el mayor éxito en su año de estreno y Disney decidió extender la historia de esta hada oscura. Ya sabíamos que Maléfica cuidó de Aurora, sufrió un desamor que la dejó sin alas y con un profundo rencor hacia los humanos. Incluso, alteraron la historia original de la princesa para que la villana tuviera mayor presencia. En esa película, el dolor de la madre de Aurora fue compensado con el hechizo que logró romper con el beso que le da entre lágrimas. 

Bueno… las lágrimas vuelven a ser un elemento clave en la resolución de problemas para la secuela. En la primera película, esa escena estuvo entre las más ridiculizadas por la audiencia debido a su excesivo dramatismo e incoherente narrativa. No obstante, Disney lo volvió a hacer. Y esta vez, es aún más incoherente. Es una película para niños y, probablemente, este tipo de errores en la narrativa no afecten demasiado su experiencia, pero existen. Esta vez, no sabemos en ningún punto de la historia por qué las lágrimas de una humana son tan poderosas como para revivir a Maléfica, pero así sucede.

Maléfica entra en la subcategoría de «películas de princesas» en las que la mayoría de los espectadores no entran con la expectativa de un realismo absoluto. No obstante, la característica que ayudó y ayuda, sin duda, al uso del dramatismo desmesurado, es que se trataban de películas animadas. Tal y como sucedió con El rey león –caso contrario– en el que las expresiones de los animales no lograban transmitir lo que el Simba en trazos logró en la original. Con personas de carne y hueso se siente un tanto diferente. Tanto a Michelle Pfeiffer, como Angelina Jolie, podríamos ubicarlas en alguna escena de telenovela mexicana y sentiríamos el mismo tono.

Por otro lado, intentaron compensarlo con muchas escenas de acción que abarcan un gran tiempo de la película y la historia. Mientras que el resto sucede demasiado rápido, sin explicación ni fundamento. ¡Aurora se casa con un príncipe que siente verdadero amor! Un amor de primera vista, claro, puesto que el resto del tiempo sólo la conoció dormida bajo el hechizo. No sabemos más sobre su historia de amor. Tampoco conocemos por qué la Reina Ingrith siente tanto recelo hacia Maléfica o incluso hacia su esposo, el Rey John. Sólo suceden una serie de acontecimientos que, si de nodos se trata, en ningún momento se siente ese clímax de la película porque transcurren uno tras otro, sin su debido tiempo. 

Maléfica: Dueña del mal recae en el dramatismo excesivo que se siente cada vez más insoportable para las nuevas generaciones. Incluso llega a ridiculizar a sus protagonistas y resultan risibles algunas de las escenas que debían generar emotividad.

FUENTE https://www.cinepremiere.com.mx/malefica-duena-del-mal-critica.html

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